Begotten

Publicado: agosto 31, 2011 en General

Como simple espectador y empatizando con el ‘talento’ de construir films perturbadores, retorcidos y llenos de simbolismos alojados en nuestro subconsciente,  Begotten es un digno representante de una obra escabrosa e infinitamente secuenciada  por imagenes sacadas de lo especialmente grosero e incorrecto. Tomando en cuenta que la obscenidad y el mal gusto se encuentran en el ojo del espectador, es posible reconocer diversos, profundos y escondidos imaginarios construidos en cada experiencia sensorial que ralle en lo extraño o perverso, el claroscuro se impone como marca indeleble de lo oculto y subnormal -todo lo oculto y relegado a los rincones de nuestro mente y espíritu tiene esa tonalidad- y no resulta casual reconocer su increible vivacidad  ‘coloreada’  por recuerdos de experiencias vividas o soñadas, pesadillas reconocidas en el shock  presenciado o vivenciado, más que nada aterra que tal como en la tortura política o ideológica, cualquiera puede experimentar la experiencia como víctima o victimario, en absoluta igualdad de condiciones la aproximación al pesadillesco mundo exhibido por Begotten se reafirma con la explicación final , en los créditos: un Dios autoflagelante quse inmola pariendo su mayor obra, la madre tierra, y su hijo concebido en una fecunda y voluptuosa vulva antiestética, hijo que sufre cada segundo , completamente engendrado para ese fin, escasa humanidad, nula empatía, un muerto en vida, ejecutado por el seres comunes y extrañamente conscientes de su rol-son ángeles? semidioses?- es un panteón digno de pleitesía: no dudan, ejecutan la obra con la seguridad haber recibido un mandato divino, no cejan en su tarea, son los verdadaeros protagonistas, con el cosmos regresivo, en clara metáfora de un tiempo inexistente negado por la creación sin más; imposible observar cada escena sin empatizar con una extraña sensación de deber cumplido, hecho que queda confirmado al final del film cuando se engendra la vida que sí reconocemos como tal. Todo el simbolismo perverso de la narración queda reducido a aquel final formidable ya no pesadillesco, sino fundacional, el Génesis concebido desde una protocivilización magnificamente’engendrada’ por el Dios pariendo a su imagen y semejanza. La belleza simbólica de la germinación, en el contraste con todo lo antes observado, nos anula la utopía de creer que el mundo es bello y generoso, no lo es porque la humanidad es abominable y tiene una misión: destruirlo todo para construir una y otra vez, de manera incesante, cíclica y repetitiva.

“Consumado es!”

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